El pasado 20 de mayo, una representación de ACPRI visitó el Palau Montaner, situado en la calle Mallorca, 278, en pleno Eixample barcelonés. Actualmente, el edificio es la sede de la Delegación del Gobierno en Cataluña, aunque su historia y valor arquitectónico lo convierten en mucho más que un espacio institucional.
La visita comenzó en la actual Sala de Prensa, donde Estanislau Vidal Folch, director del Área de Fomento de la Delegación del Gobierno en Cataluña, ofreció una detallada contextualización histórica sobre la familia Montaner y los orígenes del palacio.
Construido como residencia familiar por el editor Ramon Montaner i Vila, fundador de la editorial Montaner y Simon, el palacio fue decorado por su sobrino, el arquitecto Lluís Domènech i Montaner, una de las grandes figuras del modernismo catalán. Con el paso de los años, la propiedad fue pasando por distintas generaciones de la familia hasta que, tras diversos usos y transformaciones, el Estado adquirió el edificio, que desde 1980 alberga la Delegación del Gobierno en Cataluña.
Durante el recorrido, los asistentes pudieron descubrir espacios emblemáticos del edificio, como el gran vestíbulo central, presidido por una espectacular claraboya de vidrieras que llena el espacio de luz natural. Domènech i Montaner concibió este punto como el verdadero corazón del palacio, con una exuberante decoración de mosaicos, hierro forjado, esculturas y maderas nobles, repletas de motivos florales y heráldicos característicos del modernismo.
Durante el recorrido, los asistentes pudieron descubrir espacios emblemáticos del edificio, como el gran vestíbulo central, presidido por una espectacular claraboya de vidrieras que llena el espacio de luz natural. Domènech i Montaner concibió este punto como el verdadero corazón del palacio, con una exuberante decoración de mosaicos, hierro forjado, esculturas y maderas nobles, repletas de motivos florales y heráldicos característicos del modernismo.
Posteriormente, el grupo accedió al primer piso, la planta noble de la residencia familiar, donde antiguamente se desarrollaba la vida privada y las recepciones más exclusivas. Actualmente, estos espacios albergan dependencias administrativas de la Subdelegación.
Uno de los elementos más singulares del Palau Montaner es el jardín privado que rodea el edificio, delimitado por rejas de hierro forjado. Un espacio poco habitual en el Eixample que refuerza la imagen de residencia aristocrática propia de la burguesía barcelonesa de finales del siglo XIX.
Más allá de su valor patrimonial, el Palau Montaner continúa siendo hoy un espacio vivo de representación institucional y protocolo oficial. Sus salas acogen reuniones institucionales, recepciones, encuentros de trabajo y comparecencias vinculadas a la Delegación del Gobierno en Cataluña, convirtiéndose así en un ejemplo excepcional de convivencia entre patrimonio, arquitectura y protocolo.
Desde ACPRI queremos agradecer especialmente a Ruth Toribio, jefa de Protocolo y Relaciones Institucionales de la Delegación del Gobierno en Cataluña y socia de la entidad, su implicación y disponibilidad para hacer posible esta visita.
